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Breve viaje a la historia y geografía desde el *Reyno de Chile a la República
Iniciamos este viaje al principio de nuestra historia con el poeta
don Alonso de Ercilla y Zuñiga y su obra épica La Araucana en la
edición de Zaragoza del año 1578: “en efte canto se acaba la tormenta/
contienefe la entrada de los españoles/ en el puerto de la Concepcion, e
ifla/ de Talcaguano: el Confejo General de los Indios/ en el valle de
Ongolmo tuvieron:/ la differencia que entre Peteguelen/ y Tucapel vuo/
afsi mifmo el acuerdo que fobre ella fe tomó.”
Aunque el poeta Melchor Jufré del Aguila había pedido a España el
cargo de cronista oficial del Reyno, tal petición le fue denegada y más
de un siglo después de la conquista vemos plasmado el lenguaje de
sus hechos a la luz de la Relación Histórica (y Geográfica) del Reyno
de Chile, de don Alonso de Ovalle, editada en Roma el año 1646,
ilustrada con la Tabula Geographica del Regni Chili, el lema Studio et
labore/ Procuratoris Chilensis/ Societatis IESV; el retrato de Pedro de
Valdivia y los gobernadores, Nuestra Señora de la Ligua, la
Constelación de la Cruz del Sur, los Mártires de Elicura, los juegos de
los niños mapuche, las batallas de los ejércitos en la Guerra de Arauco,
la Imagen de N. Sra. De las Nieves, Obradora de Milagros en la Tierra y
en el Mar, en la Ciudad de la Imperial y en la de la Concepción en
Chile, los colegios y residencias de la Compañía de Jesús (desde
Coquimbo hasta Chiloé) y muchas otras que nos legó el estudio y el
trabajo en más de un siglo de vida. Como el grabado del árbol que creció
en forma de Cristo crucificado en el Valle de Limache el año 1634: “In
Regno Chilensi in America”.
Alonso de Ovalle fue hijo de Francisco Rodríguez del Manzano y Ovalle
y de María Pastene y Lantadilla, importantes encomenderos, propietarios
de la Hacienda de Peñalolén, de tierras en Puangue y de la Hacienda de
Taguatagua. El terremoto del año 1647 redujo a escombros la ciudad de
Santiago y el Cabildo encargó al cronista que hiciera gestiones ante la
corona de España para su reconstrucción. Sus demandas, apoyadas por el
Virrey del Perú, lograron que el Rey, previo informe del Consejo de
Indias, eximiera de tributos a sus habitantes durante el período de seis
años.
A estas alturas puede destacarse lo siguiente: la odisea del
cosmógrafo Pedro Sarmiento de Gamboa en 1579 y 1580 al Estrecho de
Magallanes (que permite remontarnos al primer viaje en torno al globo
terráqueo de Fernando de Magallanes y al posterior de los Hermanos
García Nodal), el de los holandeses Henry Brewer y Elías Herckeman en
los años 1642 y 1643 (“Voyage to the Kingdom of Chili in America”
–traducido al inglés). Además nuestras costas reciben la visita de
viajeros alrededor del mundo como William Dampier (hoy considerado un
verdadero precursor de los viajes científicos de Humbolt y Darwin) y
años más tarde, de George Anson, del cual heredamos antiguas imágenes
del Archipiélago de Juan Fernández, puertos de Chile y la patagonia
occidental, donde naufragó el HMS Wager al mando del Comodoro John
Byron.
Mencion aparte merece la obra de Jorge Juan y Antonio de Ulloa en
la América meridional para medir algunos grados del meridiano de la
Tierra y sus Observaciones Astronómicas (que en verdad no se hicieron
desde Chile, aunque vigilaron sus costas). A mediados del siglo XIX y
con la expedición científica de J. M. Gillis se consolida la instalación
del primer telescopio en el cerro de Santa Lucía de Santiago.
Continuando con este periplo vemos la obra del célebre viajero
francés Amedée Frezier entre los años 1712 y 1714, Relation du Voyage de
la Mer su Sud aux Cótes du Chily.., y sus clásicos grabados (entre
otros el de la Frutilla Chilensis), para arribar a la clásica versión
española del libro del abate Juan Ignacio Molina, –con grabados y
mapas del país donde viven los araucanos- traducida por el conde del
Maule, don Nicolás de la Cruz y Bahamonde, en Madrid, entre los años
1788 a 1795 y seguimos el camino hacia la expedición botánica de Ruiz y
Pavon y su Systema Vegetabilium de la Florae Peruvianna et Chilensis
editada en 1797.
Un paréntesis del itinerario trazado son dos clásicas ediciones: La
Araucana de Ercilla (compuesto con el mapa manuscrito de poncho chileno
de don Thomas López, donde ocurrieron los famosos hechos entre Españoles
y Araucanos) y publicada por Antonio de Sancha, Madrid 1766 (de la cual
existen dos versiones según el bibliófilo Carl Schaible); y la génesis
fundamental de una nueva Summa Theologica en la obra del abate Manuel
Lacunza: La Venida del Mesías en Gloria y Magestad, editada en Londres
el año 1816. Ediciones con grabados firmados por los autores.
Proseguimos esta peregrinación histórica hacia el Código
Constitucional de las Provincias Unidas de Chile, el primer libro
impreso en nuestro país, (de acuerdo al bibliográfo Jose Toribio
Medina), por S. B. Johnston y S. Garrison en la Imprenta del Gobierno,
el año 1812: “Carta de un Americano al Español sobre su Numero XIX “ de
Fray Servando Teresa de Mier (que esperamos reeditar en un breve lapso
de tiempo), las proclamas de Jose Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins y
la Aurora de Chile de Camilo Henríquez y el impresor Mateo Arnaldo
Hoëvel.
Asistimos a la visión del nacimiento del Estado, la reconquista y la
formación de la República, definida por el gobierno de Diego Portales
con la contratación del científico francés Claudio Gay para la
realización de su monumental obra iconográfica Historia Física y
Política de la República de Chile… editada en París desde 1844 a 1871
con sus dos Atlas y la obra botánica, zoológica, documental, histórica y
los estudios de la agricultura chilena.
Después nos encontraremos con una colección de primeras ediciones de
Andrés Bello (y la significación de su obra en el primer medio siglo de
nuestra independencia); historias generales de Chile como la de Diego
Barros Arana, la mejor impresión litográfica realizada en el país por
Narciso Desmadryl de la Galería de Hombres Célebres de Chile, el año
1854. Podemos contemplar el Album de las Glorias de Chile de Benjamín
Vicuña Mackenna con las ilustraciones de Luis Fernando Rojas y la
encuadernación de Federico Schebler; el legajo de manuscritos sobre el
nacimiento de la Marina Chilena y la correspondencia entre Lord Cochrane
y Bernardo O’Higgins. Asi vivimos los últimos años del siglo XIX con el
Chile Ilustrado de Santos Tornero, recorriendo Magallanes antiguo con
Theodoro Ohlsen y la Patagonia Chilena en los mapas y levantamientos
hidrográficos de los Capitanes de Fragata Enrique Simpson y los
hermanos Ramón y Francisco Vidal Gormaz en la corbeta Chacabuco.
Celebraremos nuestro primer centenario con la obra de Tomás Guevara:
Historia de la Civilización de la Araucanía presentada por el Gobierno
Chileno en la Exposición Internacional de Sevilla (su edición se inició
en 1898 y finalizó en1928).
Hemos estado presentes en la inauguración del siglo veinte, y sus
múltiples lenguajes de este orbe y de las urbes, con los manuscritos de
nuestros grandes poetas: Pablo de Rokha, Gabriela Mistral, Vicente
Huidobro y Pablo Neruda y la excepcional colección de la revista
Claridad, órgano oficial de la Federación de Estudiantes (y decisiva en
la formación intelectual del siglo); para culminar la etapa más álgida
de este breve viaje en el Salón de Honor de la Universidad de Chile el
día 9 de Septiembre de 1954 con el homenaje a nuestra Premio Nóbel de
Literatura Gabriela Mistral, escrito por Pablo Neruda (el que años antes
había sugerido a Andrés Bello como el verdadero iniciador de su obra
Canto General, al publicar en Londres su poema “América”, en la
Biblioteca y Repertorio Americano, el año 1816).
Más de cuatro siglos en esta traslación histórica y geográfica de
Chile, leyendo y contemplando sus crónicas, libros, mapas, periódicos y
grabados, a los cuales podemos acceder todos los habitantes del país
(alrededor de esta Terra Australis)…
…y que podemos continuar en este mismo catálogo con el hallazgo de
los manuscritos históricos desde 1549 a 1910 o la forjación de la Finis
Terrae en la descripción del archivo de la vertiente occidental de
América del historiador Gustavo Valdés Bunster.
Asi nuestro viaje finaliza con una visita a otro poeta: Eusebio
Lillo y sus hojas manuscritas; en las cuales se puede ver que en su afán
por cantar las glorias de la batalla de Yungay, encontró los versos que
dieron origen a nuestro himno nacional.
César Soto Gómez
*Fernando Campos Harriet ¿Porqué se llamó Reino a Chile? Editorial Andrés Bello, 197 |