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Reyno de Chile

Reyno de Chile - Libros y Manuscritos Siglos XVI a XX

Características:

64 págs en papel cocuhé a todo color  + 48 páginas con la  FORJACION DE LA FINIS TERRAE O DESCRIPCION DEL ARCHIVO DE LA VERTIENTE OCCIDENTAL DE AMERICA DEL SUR (1548-1910) 


Link: Información sobre Lanzamiento del Libro  - Sociedad de Blibliófilos Chilenos


    Prólogo del libro:

  
Breve viaje a la historia y geografía desde el *Reyno de Chile a la República

Iniciamos este viaje al principio de nuestra historia con el poeta don Alonso de Ercilla y Zuñiga y su obra épica La Araucana en la edición de Zaragoza del año 1578: “en efte canto se acaba la tormenta/ contienefe la entrada de los españoles/ en el puerto de la Concepcion, e ifla/ de Talcaguano: el Confejo General de los Indios/ en el valle de Ongolmo tuvieron:/ la differencia que entre Peteguelen/ y Tucapel vuo/ afsi mifmo el acuerdo que fobre ella fe tomó.”

Aunque el poeta Melchor Jufré del Aguila había pedido a España el cargo de cronista oficial del Reyno, tal petición le fue denegada y más de un siglo después de la conquista vemos plasmado el lenguaje de sus hechos a la luz de la Relación Histórica (y Geográfica) del Reyno de Chile, de don Alonso de Ovalle, editada en Roma el año 1646, ilustrada con la Tabula Geographica del Regni Chili, el lema Studio et labore/ Procuratoris Chilensis/ Societatis IESV; el retrato de Pedro de Valdivia y los gobernadores, Nuestra Señora de la Ligua, la Constelación de la Cruz del Sur, los Mártires de Elicura, los juegos de los niños mapuche, las batallas de los ejércitos en la Guerra de Arauco, la Imagen de N. Sra. De las Nieves, Obradora de Milagros en la Tierra y en el Mar, en la Ciudad de la Imperial y en la de la Concepción en Chile, los colegios y residencias de la Compañía de Jesús (desde Coquimbo hasta Chiloé) y muchas otras que nos legó el estudio y el trabajo en más de un siglo de vida. Como el grabado del árbol que creció en forma de Cristo crucificado en el Valle de Limache el año 1634: “In Regno Chilensi in America”.

Alonso de Ovalle fue hijo de Francisco Rodríguez del Manzano y Ovalle y de María Pastene y Lantadilla, importantes encomenderos, propietarios de la Hacienda de Peñalolén, de tierras en Puangue y de la Hacienda de Taguatagua. El terremoto del año 1647 redujo a escombros la ciudad de Santiago y el Cabildo encargó al cronista que hiciera gestiones ante la corona de España para su reconstrucción. Sus demandas, apoyadas por el Virrey del Perú, lograron que el Rey, previo informe del Consejo de Indias, eximiera de tributos a sus habitantes durante el período de seis años.

A estas alturas puede destacarse lo siguiente: la odisea del cosmógrafo Pedro Sarmiento de Gamboa en 1579 y 1580 al Estrecho de Magallanes (que permite remontarnos al primer viaje en torno al globo terráqueo de Fernando de Magallanes y al posterior de los Hermanos García Nodal), el de los holandeses Henry Brewer y Elías Herckeman en los años 1642 y 1643 (“Voyage to the Kingdom of Chili in America” –traducido al inglés). Además nuestras costas reciben la visita de viajeros alrededor del mundo como William Dampier (hoy considerado un verdadero precursor de los viajes científicos de Humbolt y Darwin) y años más tarde, de George Anson, del cual heredamos antiguas imágenes del Archipiélago de Juan Fernández, puertos de Chile y la patagonia occidental, donde naufragó el HMS Wager al mando del Comodoro John Byron.

Mencion aparte merece la obra de Jorge Juan y Antonio de Ulloa en la América meridional para medir algunos grados del meridiano de la Tierra y sus Observaciones Astronómicas (que en verdad no se hicieron desde Chile, aunque vigilaron sus costas). A mediados del siglo XIX y con la expedición científica de J. M. Gillis se consolida la instalación del primer telescopio en el cerro de Santa Lucía de Santiago.

Continuando con este periplo vemos la obra del célebre viajero francés Amedée Frezier entre los años 1712 y 1714, Relation du Voyage de la Mer su Sud aux Cótes du Chily.., y sus clásicos grabados (entre otros el de la Frutilla Chilensis), para arribar a la clásica versión española del libro del abate Juan Ignacio Molina, –con grabados y mapas del país donde viven los araucanos- traducida por el conde del Maule, don Nicolás de la Cruz y Bahamonde, en Madrid, entre los años 1788 a 1795 y seguimos el camino hacia la expedición botánica de Ruiz y Pavon y su Systema Vegetabilium de la Florae Peruvianna et Chilensis editada en 1797.

Un paréntesis del itinerario trazado son dos clásicas ediciones: La Araucana de Ercilla (compuesto con el mapa manuscrito de poncho chileno de don Thomas López, donde ocurrieron los famosos hechos entre Españoles y Araucanos) y publicada por Antonio de Sancha, Madrid 1766 (de la cual existen dos versiones según el bibliófilo Carl Schaible); y la génesis fundamental de una nueva Summa Theologica en la obra del abate Manuel Lacunza: La Venida del Mesías en Gloria y Magestad, editada en Londres el año 1816. Ediciones con grabados firmados por los autores.

Proseguimos esta peregrinación histórica hacia el Código Constitucional de las Provincias Unidas de Chile, el primer libro impreso en nuestro país, (de acuerdo al bibliográfo Jose Toribio Medina), por S. B. Johnston y S. Garrison en la Imprenta del Gobierno, el año 1812: “Carta de un Americano al Español sobre su Numero XIX “ de Fray Servando Teresa de Mier (que esperamos reeditar en un breve lapso de tiempo), las proclamas de Jose Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins y la Aurora de Chile de Camilo Henríquez y el impresor Mateo Arnaldo Hoëvel.

Asistimos a la visión del nacimiento del Estado, la reconquista y la formación de la República, definida por el gobierno de Diego Portales con la contratación del científico francés Claudio Gay para la realización de su monumental obra iconográfica Historia Física y Política de la República de Chile… editada en París desde 1844 a 1871 con sus dos Atlas y la obra botánica, zoológica, documental, histórica y los estudios de la agricultura chilena.

Después nos encontraremos con una colección de primeras ediciones de Andrés Bello (y la significación de su obra en el primer medio siglo de nuestra independencia); historias generales de Chile como la de Diego Barros Arana, la mejor impresión litográfica realizada en el país por Narciso Desmadryl de la Galería de Hombres Célebres de Chile, el año 1854. Podemos contemplar el Album de las Glorias de Chile de Benjamín Vicuña Mackenna con las ilustraciones de Luis Fernando Rojas y la encuadernación de Federico Schebler; el legajo de manuscritos sobre el nacimiento de la Marina Chilena y la correspondencia entre Lord Cochrane y Bernardo O’Higgins. Asi vivimos los últimos años del siglo XIX con el Chile Ilustrado de Santos Tornero, recorriendo Magallanes antiguo con Theodoro Ohlsen y la Patagonia Chilena en los mapas y levantamientos hidrográficos de los Capitanes de Fragata Enrique Simpson y los hermanos Ramón y Francisco Vidal Gormaz en la corbeta Chacabuco.

Celebraremos nuestro primer centenario con la obra de Tomás Guevara: Historia de la Civilización de la Araucanía presentada por el Gobierno Chileno en la Exposición Internacional de Sevilla (su edición se inició en 1898 y finalizó en1928).

Hemos estado presentes en la inauguración del siglo veinte, y sus múltiples lenguajes de este orbe y de las urbes, con los manuscritos de nuestros grandes poetas: Pablo de Rokha, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda y la excepcional colección de la revista Claridad, órgano oficial de la Federación de Estudiantes (y decisiva en la formación intelectual del siglo); para culminar la etapa más álgida de este breve viaje en el Salón de Honor de la Universidad de Chile el día 9 de Septiembre de 1954 con el homenaje a nuestra Premio Nóbel de Literatura Gabriela Mistral, escrito por Pablo Neruda (el que años antes había sugerido a Andrés Bello como el verdadero iniciador de su obra Canto General, al publicar en Londres su poema “América”, en la Biblioteca y Repertorio Americano, el año 1816).

Más de cuatro siglos en esta traslación histórica y geográfica de Chile, leyendo y contemplando sus crónicas, libros, mapas, periódicos y grabados, a los cuales podemos acceder todos los habitantes del país (alrededor de esta Terra Australis)…

…y que podemos continuar en este mismo catálogo con el hallazgo de los manuscritos históricos desde 1549 a 1910 o la forjación de la Finis Terrae en la descripción del archivo de la vertiente occidental de América del historiador Gustavo Valdés Bunster.

 Asi nuestro viaje finaliza con una visita a otro poeta: Eusebio Lillo y sus hojas manuscritas; en las cuales se puede ver que en su afán por cantar las glorias de la batalla de Yungay, encontró los versos que dieron origen a nuestro himno nacional.

César Soto Gómez

*Fernando Campos Harriet ¿Porqué se llamó Reino a Chile? Editorial Andrés Bello, 197

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